La odontología forense gana importancia en la identificación de los malos tratos

Pese a que se ha generalizado la idea de la odontología forense como herramienta para la identificación de cadáveres, cada vez más está ganando importancia en las investigaciones relacionadas con los malos tratos y agresiones en personas vivas. Y ello se debe a que la violencia puede dejar marcas en la región orofacial y lesiones características, por ejemplo, en el interior de la boca, que no son visibles desde el exterior. El Colegio de Dentistas de Santa Cruz de Tenerife quiere destacar la importante labor de los odontólogos a la hora de detectar en las consultas dentales posibles agresiones.

La odontología forense se encarga del estudio de las piezas dentales con fines identificativos. En el caso de los cadáveres calcinados o en avanzado estado de descomposición, se pueden averiguar datos antropológicos, edad, raza, sexo, hábitos personales o examinar posibles mordidas. Los dientes son las estructuras que mejor se conservan, ya que soportan la putrefacción o las elevadas temperaturas, entre otros elementos. Pero el odontólogo forense puede también realizar, en personas vivas, dictámenes de edad; determinar la existencia de delitos sexuales, maltrato infantil y violencia de género; establecer responsabilidad profesional y tipificar lesiones. Su labor es vital también a la hora de distinguir entre mordeduras de origen humano y animal.

La historia clínica

En todos los casos es de vital importancia que el dentista cuente con un odontograma completo, esto es, un esquema con la información sobre la boca de una persona, que incluye aquellos rasgos individuales como implantes, fracturas, diastemas, malposiciones o desgastes, entre otros.

Las radiografías también permiten estimar la edad, en función de la maduración de los dientes, o comparar formas y contornos de las restauraciones o los maxilares, además de registrar dientes retenidos o tratamientos pulpares.

Por su parte, la queiloscopia es un sistema de identificación basado en el estudio de los pliegues de los labios de boca, que son únicos e irrepetibles y que no sufren alteraciones con la edad. Por ello, son de gran ayuda en agresiones. Esta técnica es muy reciente, pero posee un valor identificativo suficiente.

Asimismo, la rugoscopia es otra herramienta útil para el odontólogo forense, ya que las rugosidades que se localizan en el paladar duro son únicas en cada individuo y también se consideran perennes e inmutables.

ADN

En una investigación, el odontólogo forense puede extraer también ADN. Las mejores piezas para ello son los molares, debido a la amplitud de su cavidad pulpar, ya que es en la pula precisamente, donde se encuentra la mayor cantidad de ADN.

En el caso concreto del maltrato, el dentista puede encontrar signos que le hagan sospechar, entre otros, en los tejidos blandos, con lesiones provocadas por contusiones, quemaduras o marcas de mordedura humana; en la pérdida de dientes o su fractura y en las alteraciones oclusivas, como la desviación de la línea media y mentón o la dificultad al mover la mandíbula.

 

 

 

2015-12-21T14:47:23+00:00diciembre 21st, 2015|Noticias|